AGUARDANDO

Comenzaré a archivar las dudas, por si acaso...

sábado, 17 de enero de 2009

Increíble corazón... ¿Aún latiendo a estas horas? Cansado, y todavía así, dispuesto para seguir batallando al pie de las murallas.

Recójete despacio, corazón, arroja esas piedras que llevas en la mano, porque no serás capaz ni de levantar la voz, ¿cómo vas a poder arrojar esas piedras sobre ningún tirano?

Cálzate las sandalias del perdón, pero no reces, que rezar no es de humanos ni de sabios, ni de gente que guarda en su interior un corazón así de grande, de apacible y sereno y bien amado...

No le pidas perdón a ningún dios porque ninguno tiene capacidad de perdonar a nadie. Los dioses han pecado, han violado, matado y ofendido, ultrajado, mentido y embaucado. ¿Quien tiene la facultad de perdonarlos?

Cúbrete con mi saco que tapa la amargura. Deslízate entre la piel de mis harapos. Acaríciame el pecho sobre el que te guardas celoso y presintiendo algún final cercano. Pero no huyas, no te escondas medrando, corazón. No guardes tu silencio para cantar cuando ya no es posible vivir cantando.

¿Has visto alguna vez una noche más serena y más tranquila? Austero corazón, si estás hablando déjame que te oiga decir por dónde ha de colarse esta noche la poca luz que ha de venir al dia.

No sé expresar mi amor, ¿pero acaso tú puedes callar mis sentimientos? Tu no puedes hablar. Tan solo late, muerdeme el pecho y hazme vivir aún a sabiendas de que mañana, al fín, todo mi mundo habrá sido tragado como un sueño.

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